Verguenza ganadera y periodismo rastrero

julio 17, 2007 at 12:21 pm (Asuntos Taurinos, Opinones)

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Y nunca mejor dicho, porque vergüenza, es la sensación que me recorre los huesos cuando pienso en la novillada que el pasado domingo, 15 de julio, se lidió en Las Ventas, desrazada y con un juego nada digno de un certamen de novilleros que se celebra en la “mejor” plaza del mundo, Madrid. Si unimos el bochornoso espectáculo ganadero a la publicación de ciertas crónicas que he podido leer, el balance es muchísimo más lamentable. Crónicas de gente que quiere alzarse como protagonista principal, creyéndose un cronista consagrado propio de las grandes Ferias, cuando lo que demuestra es todo lo contrario: un plumilla del tres al cuarto que pretende acaparar la atención dando palos a diestro y siniestro sin ponerse a pensar que los que toreaban el domingo en Las Ventas, son la savia nueva del toreo novilleril, que no son figuras a los que medir con un baremo injusto, oportunista y nada acertado por parte de un señor que seguro, no tendría el suficiente valor de hacer lo mismo con otros diestros como El Juli, Castella o Enrique Ponce por ejemplo. Y en eso pongo la mano en el fuego.

Foto: VIGIL
Porque es más fácil cargar contra unos chavales, que como noveles que son, pueden cometer fallos, como todo ser humano, pero en este caso no veo lógico cargar tintas y decidir ponerse el disfraz de justiciero, y verter un trato tan innecesario como el otorgado por el señor Vega en Burladero al novillero Carlos Guzmán. ¿Quién es él para decir si debe salir a saludar una ovación o no? ¿Quién es él para decir que sentarse en el estribo, esperando la muerte del novillo es una falta de respeto, porque para eso hay que ser primero figura?. De acuerdo que posiblemente el gesto de Guzmán, no fue del todo acertado, pues la tardanza con la que el animal acabó doblando, enfrió la faena y pudo provocar un efecto totalmente diferente al que hubiese ocurrido si el animal hubiese muerto dos minutos antes, fallos corregibles, el tiempo y sobre todo el toro, son los mejores consejeros y mentores para estas ocasiones, pero desde luego nunca, y repito, nunca para pretender crucificar a un chico con palabras vacías y muy fáciles de escribir. Vergüenza sin embargo me provoca leer este tipo de crónicas y ser testigo de un encierro tan lamentable como el de Torreherberos del otro día. Empecemos por ahí, señor Vega, hablando de toros, y no de actos que buscan el protagonismo del periodista por encima del torero.

 

Mala la novillada del hierro sevillano, presentada de manera muy desigual y con un juego bronco y muy deslucido: complicado el primero, siempre con la cara arriba y rematando cada muletazo siempre con un incómodo calimocheo; parado y soso el segundo, tercero y quinto; y peligrosos e imposibles, cuarto y sexto. No se salva ni uno. Radicalmente diferente a la buenísima novillada de Carmen Segovia lidiada un domingo antes, en la que ni Oliva Soto, con unas palmas muy partidarias y amigas como escribe también el señor Vega, ni Rubén Pinar pudieron rubricar un triunfo con dos utreros cada uno, que tenían las dos orejas para haberlas cortado, y no pasaron de aseados en un encierro cómodo y para torear a gusto. Ya me explico el cambio de cartel que sufrió Guzmán: pasó de estar anunciado en la novillada de El Torreón a la de Torreherberos en cosa de dos días después de anunciar la empresa los carteles, un cambio que fue argumentado por la propia empresa como un “lo tomas o lo dejas”. Distintos hierros, exigencias y comodidades infinitamente diferentes, y por supuesto, novilleros con diferente peso y apoyos exteriores que marcan los carteles en los que se anuncian.

 

Aún así Carlos Guzmán estuvo por encima de los novillos que le correspondieron en suerte, sobresaliendo entre la terna actuante con bastante holgura. Muy firme y asentado Guzmán diseñó una labor trabajada y sufrida ante un animal que nunca se lo puso fácil: protestó por ambos pitones y remataba cada muletazo con un feo derrote que impidió desarrollar el trasteo hondo y de mano baja, que caracteriza el madrileño. Aún así estuvo muy digno, por encima de las posibilidades de su oponente, sonsacándole a regañadientes muletazos que el animal por sí solo no tenía. Destacó un natural de ensueño, el mejor de todo el festejo: largo, templado, reunido, y encajado; la única vez que el novillo no echó la cara arriba; un natural de los güenos. También utilizó recursos que denotan el oficio y la seguridad con la que anda Guzmán, pudiendo sacar oro donde no había ni piedras. A la muerte de este toro ocurrió lo que molestó al señor Vega: Guzmán, con voluntad, lejos de ofender a nadie y después de una labor dura y exigente, decidió sentarse en el estribo esperando a que el animal, moribundo, acabase de doblar. ¡Madre mía que falta de respeto!, lo que de verdad me parece una falta de respeto es leer crónicas de un calibre sospechoso. En el quinto nada de nada, pues el animal desarrolló sentido y peligro nada más asomó de chiqueros. En los primeros lances de recibo, el utrero pegó un gañafón a Guzmán a la altura del pecho, que le obligó a tomar el olivo y, segundos después, puso en aprietos a El Molinero que pudo sufrir un severo percance, aunque la suerte estuvo con él, y solo quedó en un susto. Con la franela, el animal desarrolló más sentido aún, reponiendo en cada pase, lo que obligó al madrileño a abreviar y dar muerte a semejante “Carnero” como dijo Rosco desde su localidad del 7. Saludó sendas ovaciones a la muerte de sus dos oponentes, quizá la segunda más cariñosa que la primera, pero lo que no cabe duda es que el chico no cometió ningún delito. A ver si medimos las ovaciones con el mismo rasero para todos los toreros, ¿o nadie se acuerda de Tejela en San Isidro? Memoria e igualdad señor Vega.

 

Abell Valls y Diego Lleonart se estrellaron con sendos lotes exigentes. Acostumbrados a los carretones de Fuente Ymbro, los novillos que el domingo asomaron por los chiqueros venteños, en nada se parecían a lo que ellos venían toreando y que tantos éxitos y cartel les han dado. Pero el domingo defraudaron, no pudieron, se nota la falta de rodaje y lo verdes que están. Apuntan maneras, pero falta rodaje, y falta batalla con este tipo de novilladas, que son malas para el espectáculo, pero buenas para curtirse en batalla y poder, en un futuro, tirar de recursos para enfrentarse a encierros infumables y desrazados como el de Torreherberos del pasado domingo. Aún así demostraron ganas y voluntariedad, aunque los astados no pusieron nada de su parte.

Por todo esto hay que aplaudir la actitud de la terna actuante y criticar, y mucho, la actitud de la empresa, con un desbarajuste total, primero a la hora de confeccionar los carteles, realizando cambios a su antojo: ahora quito, ahora pongo, lo que siembra dudas entre los aficionados, y visto lo visto el domingo, aún más. También criticar la actitud del citado cronista, que se salió de tono en una novillada de jóvenes toreros que se presentaban en Madrid, tratándoles y midiéndoles más de lo que necesario, como si de figuras se tratasen, bueno… o no, porque pienso que no tendría valor de hablar así de El Juli por ejemplo. Y la tercera y última crítica dedicada al ganadero. Infumable encierro, nada digno para presentar en Madrid, pero bueno, las cosas de toros tienen esas cosas, que no dejan satisfecho a todo el mundo ¿verdad?.

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2 comentarios

  1. Cova said,

    Carallo, ¡qué cabreo tienes! Por cierto, lo que más me ha gustado ha sido eso del “calimocheo”, ahí ahí, sacando la vena alcohólica. Eso es que el novillo estuvo de botellón en los corrales con los otros cinco antes de salir a la plaza ¿Te acuerdas de lo de “mi Vilches”? Eso sí que fue bueno. 😀
    Te veo el jueves, que ya hay ganas.

  2. JavierLP said,

    jejejej, Ay mi VIches, cualquiera que hubiese leido aquello pensarian qe entre Chaves y Vilches… ya sabes, TikiTaka. Lo del texto este, pues si va dedicado con todo mi “afecto” al cronista en cuestión, pues no me parece justo lo que escribió. Pero en fin… en este mundo tiene q haber de to. Venga Cova hasta el jueves, a ver la que preparamos.

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