Si gana la Fiesta, ganamos todos pero no a cualquier precio

julio 23, 2007 at 11:42 pm (Asuntos Taurinos, Opinones)

Esa es la lectura que hay que hacer del festejo de ayer de Ávila, pues en este caso no es necesario hacer leña del árbol caído, auque podía hacerse, y prefiero por pensar en positivo, dentro de lo que se pueda. Cierto es que fue un espectáculo en el que dos . toreros de rivalidad histórica se enfrentaban en un mano a mano de forma desinteresada y altruista en una plaza llena hasta la bandera. Toda la parafernalia montada alrededor del festejo funcionó a la perfección: rostros conocidos, numerosos medios, taurinos y no taurinos, cubriendo la información, aficionados de todas partes abarrotando la plaza en un espectáculo de salvaguardia de la fiesta y con cariz internacional. Todo esto es lo bonito, la cara amable del festejo, pero no todo fue un camino de rosas, pues en lo meramente taurino la tarde rozó la decepción, pues los “toros” elegidos para la ocasión, dejaron muchísimo que desear, pues considero que no eran nada aptos para un festejo de la relevancia e importancia, como el que se celebraba ayer. Sólo los apuntes de José Tomás y una rotunda faena de el Juli al cuarto, salvaron de la quema una corrida abogada al fracaso.

SEGUIR LEYENDO LA CRÓNICA DEL FESTEJO DE ÁVILA DEL 22 DE JULIO DE 2007. Mano a Mano José Tomás & El Juli con “toritos” de Zalduendo

 Hasta siete zalduendos saltaron al ruedo de Ávila, incluyendo un sobrero que se lidió en quinto lugar, el más corto en hechuras y sienes de un encierro terciado, sin raza y de sospechosa presentación. Los otros seis hermanos no fueron astados cuajados ni mucho menos, un hecho que entraba en el guión y eso, se runruneaba antes del festejo, pero por lo menos quedaba la esperanza que dieran buen juego, pero solo salió uno que se dejó, el cuarto, y la perita en dulce le cayó al Juli que lo cuajó con una faena cumbre, pero cosas de la vida, el único toro que le correspondió al de Velilla que se fue con las dos orejas puestas en el arrastre, pues esta vez la espada no fue su gran aliada.

Salvo el fallo con los aceros, la faena de El Juli fue redonda. Toreó muy a gusto, diseñando un trasteo largo, profundo y con mucho temple, marca de la casa. Siempre enseñando la muleta y enganchando en el hocico del toro para instrumentar dos series con la mano derecha de antología: roto con él, bajando la mano hasta barrer el albero y administrándole los toques precisos para llevarlo siempre embarcado con empaque y mucho temple. Un cambio de mano por la espada, seguido de un natural eterno, nos trasladó unos instantes a la faena de Las Ventas, eso si, faltaba  Cantapájaros, años luz del que correteaba por Ávila. Por el pitón izquierdo el toro protestaba más, pero enrazado el diestro y con espíritu de no dejarse ganar la batalla, el de Velilla consiguió hilvanar algún natural a base tesón e insistencia. Un pinchazo, media estocada y dos golpes de verduguillo dejó la faena en una fuerte ovación que Julián, con signos claros de decepción salió a recoger.

La Puerta Grande la consiguió tras cortar una oreja de los otros dos toros que le correspondieron en suerte; dos oponentes, que aunque tuvieron mejor condición que los de José Tomás, tampoco eran para tirar cohetes: el primero justito de fuerzas, que acabó sin fuelle en los primeros compases de la faena de muleta pero con el que el Juli, perfecto toda la tarde con el capote, sobresalió en un quite por tafalleras rematadas con una revolera que acabó embriagando al animal en el vuelo de su capa. Con la muleta, seriedad y cabeza, ante un toro que se quedaba corto en las embestidas, pero aún así el diestro tiró de oficio y raza para conectar con los tendidos con un trasteo despacioso y de mucho mando. Una estocada entera que cayó algo trasera, tras pinchazo, le sirvió para pasear el primer apéndice del festejo. La segunda oreja la consiguió del sexto, Julián salió a por todas, con el objetivo de llevarse el gato al agua. Para eso, volvió a tirar de raza, pues el animal embestía con alegría aunque con la clase justa, cuajando una faena estándar, sin demasiado relumbrón en la que destacó una serie en redondo.

Y qué decir del lote imposible de José Tomás, desde el desclasado y rebrincado primero, pasando por el inválido tercero que fue sustituido por un sobrero aparatosamente chico, que denotó mansedumbre por los cuatros costaos, para terminar con el soso, parado e imposible quinto. Lo más importante lo firmó en el que abría plaza, pues se volvió a ver al José Tomás de siempre, con las mismas ganas del día de Barcelona; y eso, se vio cuando se echó el capote a la espalda para instrumentar un quite por gaoneras como solo él sabe, con la quietud, justeza y ceñimiento suficiente para poner  a la plaza por completo con el corazón en un puño hasta tal punto de llegar a mascarse la tragedia, ya que en la tercera, el toro le prendió de muy feas maneras, encunando al diestro entre sus pitones cual forçado portugués. Todo quedó en susto pero por la manera de prenderlo parecía cornada segura. Tras brindar en los medios, el de Galapagar inició el trasteo con unos ayudados por bajo de una altísima carga artística; sometiendo al animal, corriendo la mano con mucho gusto, limpieza y largura. No empezaba mal la faena pero el toro sin nada de clase, pronto se vino abajo. Antes de rajarse definitivamente, el diestro consiguió hilvanar dos tandas con la mano derecha de una majestuosa verticalidad y largura, con un sitio inimitable, citando al toro siempre entre sus pitones y finalizando la faena con dos naturales de época rematados con un trincherazo de sabor añejo. Lástima de la espada, pues tras pinchazo, estocada una cuarta caída y un descabello, echó al traste todo lo anterior y la faena meritoria de trofeo fue ovacionada.

La única oreja que paseó el de Galapagar la consiguió tras la muerte del tercero, un toro falto de raza, soso y que salía suelto de los engaños, a pesar de lo cual José Tomás realizó una meritoria actuación desplegando todo su repertorio: inicios por estatuarios, series muy pintureras por ambos pitones en los que el torero tuvo que poner todo de su parte para conseguir que el animal repitiese en las embestidas, terminando la labor con unas manoletinas de infarto. A éste, si lo pasaportó de manera impecable, por arriba, haciéndole rodar sin puntilla. El último toro no tenía ni un pase, José Tomás anduvo valiente pegándose un arrimón ante el peor toro del festejo. Prolongó mucho la faena y, una vez más, marró con el estoque.

Salvemos la fiesta, en eso todos de acuerdo, luchemos por mantenerla viva, pero no a cualquier precio, porque festejos como el de Ávila pueden ocasionar el efecto contrario. Hay que andarse con cuidado y plantear festejos de esta índole pero con la seriedad que se requiere. Seamos serios y apostemos por una fiesta íntegra en la que no solo brillen los toreros, porque una fiesta sin toros es como una bomba de relojería con cuenta atrás activada. Ayer se cortó el cable in extremis, pero es mejor no jugar con fuego y hacer las cosas como Dios manda. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: