Carlos Guzmán: Escándalo en Galapagar y Faenón en Fuensalida

septiembre 18, 2007 at 9:23 am (Asuntos Taurinos)

Carlos Guzmán en Valdemorillo

Galapagar y Fuensalida fueron las dos localidades que vieron a Carlos Guzmán, posiblemente en sus dos últimas comparecencias de las temporada. Digo posiblemente porque aún queda mucho y pueden salir alguna cosa más, al menos alguna sustitución, pues méritos ha hecho más que de sobra.

El sábado hizo el paseíllo en la localidad madrileña de Galapagar, y Carlos estuvo cumbre. Pero el presidente estaba más a lo suyo, es decir, a los cubatas aguados que fueron sucediéndose, porque si no, no se puede explicar lo que pasó allí. Me explico: Carlos hizo el paseíllo con Dámaso González, que sin hacer leña del árbol caído, estuvo muy discreto, y Román Pérez, que cortó una oreja de cada uno de sus novillos, pero como las que cortó en Arganda o en Salamanca, es decir, muy benévolas. La novillada, de Baltasar Ibán.

Dicen que Carlos protagonizó la mejor tarde como novillero con caballos de todas las que lleva toreadas hasta la fecha. Montó un lío de verdad. Pero el presidente fue el único que no lo vio, estaría más pendiente de reponer su cubata que de ver toros. En su primero Carlos estuvo firme y cuajó una buena faena. Una oreja. La gente pidió la segunda, pero el usía dijo que “nanai”. Pero lo gordo estaba por llegar.

En su segundo estuvo soberbio: toreando largo, templado, profundo, con la mano baja y ligando series de mucha enjundia, y , sobre todo, de mucha verdad y torería. Carlos estuvo cumbre. Hizo una gran faena, dejó su impronta con un trasteo de esos que hacen afición. Y encima pasaportó a su novillo impecablementel, por arriba y de efecto fulminante. La gente se volvió loca con él. Tras la oreja concedida le pidieron con gran mayoría la segunda, pero el presidente, que a estas altura iría por el quinto o sexto pelotazo, volvió a hacerse el sueco. El personal abroncó al palco ante tal decisión, pero eso sí, se volcaron con Guzmán, que le obligaron a dar dos vueltas al ruedo, mientras la plaza aún segúia agitando sus pañuelos, en muestra clara de indignación ante el escándalo allí acontecido. Las cosas del toreo.

Al día siguiente, novillada en Fuensalida (Toledo). Allí el titular sería “Maldita espada”, pues lo mejorcito del festejo salió de los trastos de Guzmán, que volvió a cuajar un faenón frente al quinto del festejo. Toreó, otra vez, con la verdad por delante y con una torería pletórica. Pero la espada no quiso ser su aliada esta vez. Pinchó dos veces una faena de rabo, eso si, dos pinchazos en todo lo alto. La estocada que precedió fue entera, pero no fulminante, y que lástima, pues Carlos tuvo que precisar de un descabello. Una oreja de peso. Esa tarde se quedó sin salida a hombros, pero el trabajo estaba hecho, y la imagen y la impronta se quedó rezumando por el albero toledano.

El trabajo está hecho. Los triunfos ahí están. Carlos va despacito (no como otros que los llevan lanzados), y ese es el camino. Poco a poco, haciendo las cosas bien, y dejando un buen sabor de boca tarde tras tarde, seguro tendrá su recompensa. Y de eso, no me queda la menor duda.

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